Las piedras que curan según enseña santa Hildegarda... ......La medicina de santa Hildegarda....çVida y obra... ...Santa Hildegarda. ..Explicaciones y desarrollos. ....Enseñanzas pontificias.. ......CRISTIANDAD FUTURA... .
El jaspe entre las piedras que curan según enseña santa Hildegarda
http://religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=26504
José María Sánchez de Toca y Rafael
Renedo Hijarrubia ReL 14 diciembre 2012
www.hildegardiana.es,
Una buena amiga nos escribe:
"Estoy leyendo El libro de las piedras que curan y me está resultando muy curioso e interesante. Pero
el motivo de este correo es explicarte mi experiencia. Hace unas
semanas me diste dos piedras de jaspe. En el mes de septiembre me
disloqué la muñeca izquierda, me dolía y tenía problemas para
hacer algunos movimientos. El día que me diste las piedras
cuando llegué a casa me puse una de ellas en la muñeca dañada,
sujeta con una cinta adhesiva, cuando me la quité vi que
seguían los dolores y la dificultad de movimientos. Tres o
cuatro días después, y con gran sorpresa, me di cuenta que
podía mover la muñeca perfectamente y que habían desaparecido
los dolores. Aunque es más difícil su colocación voy a
intentarlo con las cervicales. Un abrazo, Alicia".
Parece que el jaspe se merece un comentario, aunque ya hemos
hablado de él en otras ocasiones.
El jaspe es, probablemente, la piedra preciosa más abundante del
planeta: una piedra dura de grano fino, que los profanos
encontramos parecida al mármol, pero que se distingue de él por
un par de características importantes: La primera, que el
mármol se puede rayar con un clavo o la punta de una navaja, y
la segunda, que al mármol lo matan el calor, la lejía y
cualquier ácido, cosa que no le pasa al jaspe.
El jaspe, como es sensiblemente más duro que el mármol, es
mucho más difícil -y por tanto mucho más caro- de cortar,
extraer y elaborar, sobre todo en el pasado cuando la radial ni
los discos de diamante no existían. Las lonchas de piedra son
más finas y como además es más duro, resulta más quebradizo
que el mármol, pero eso sí, en el jaspe un par de siglos de
pisadas ni se notan, no como el mármol, que con un siglo de uso
se desgasta. (Ya se darán ustedes cuenta que cuando se habla de
piedras, la unidad de cuenta tiene que ser por lo menos el siglo).
En España hay jaspe cerca de Córdoba y en Montjuich, Canillas,
Aceituno (Málaga) y Cabo de Gata (Almería), pero solamente
sabemos de un suelo de jaspe, el de la iglesia de Santa Bárbara
de Madrid, que debió costar una millonada (es la de "bárbara
iglesia, bárbaras rentas, Bárbara reina") pero que pasa
inadvertido a pesar de que es una joya de marquetería en piedra
preciosa, cuyas piezas ajustan entre sí con menos de un
milímetro de tolerancia.
Pero el jaspe, más aún que en cantera (que tampoco hay tantas)
abunda en forma de guijarro redondeado, en conglomerados o grava.
Para saber si un canto redondeado es jaspe, lo primero es mirar
si la punta de la navaja lo raya., y si no se deja es que por lo
menos es jaspe si no es que es otra cosa aún más dura. Si la
piedra es jaspe es de grano fino, más aún que el del mármol,
que tiene aspecto de azúcar; el grano del jaspe es mucho más
pequeño.
El jaspe más corriente presenta manchas, pues es el que dió
origen al verbo jaspear y a la palabra jaspeado; el ejemplo
típico es el de las guardas y a veces las portadas de los libros
antiguos, a las que jaspeaban pringándolas en una yuxtaposición
de pinturas. Los jaspes se ven bien allí donde los cantos
rodados se han partido por efecto de las heladas y presentan a la
vista un corte que muestra la estructura a manchas; si los
cambios de color y de textura son concéntricos, se habla de
ágatas; si son paralelos, grises o azulados, de calcedonia; y si
son a manchas grises o blancas y rojas o marrones, podemos
llamarlo jaspe sin mucho margen de error.
La utilidad del jaspe, según Santa Hildegarda es múltiple, y
nos atrevemos a añadir que rapidísima. Una amiga que se quejaba
de una tortícolis rebelde que la traía frita se puso un jaspe y
se le pasó de inmediato. Otras veces no va tan deprisa, porque
empezamos a sospechar que el tamaño tiene su importancia, por lo
menos para el lumbago, que si el jaspe es pequeño tarda más en
funcionar.
Y es que necesitamos que los médicos se interesen en Santa
Hildegarda, porque son ellos los que pueden identificar los
síntomas del dolor como interpretar la mayor o menor presteza
del remedio. La verdad es que hay razones para la esperanza pues
en un reciente congreso médico en Madrid se habló de las
piedras de Santa Hildegarda y doctor hubo que compró tres
ejemplares de El Libro de las Piedras que Curan.
En nuestra modesta experiencia de usuarios, hemos comprobado que
el jaspe funciona muy bien al menos en dos aspectos: como
análgésico y antiinflamatorio allí donde el dolor está
causado por lo que Santa Hildegarda llama "gicht" (cualquier
manifestación de gota), y en mejorar la calidad y profundidad
del sueño de los que no dormimos bien.
Ya hemos contado en el libro el caso de Juancho, el niño de
Guecho con pesadillas recurrentes que le desaparecen en cuanto
sus padres le ponen el jaspe cerca; pero ahora contamos también
con varios testimonios de que el jaspe mejora la calidad del
sueño. Un anciano al que diversas causas (respiración difícil,
dolores, vejiga) le sacaban de la cama siete veces por noche, y
tenía por tanto un sueño ligerísimo, redescubrió la hermosura
del sueño profundo durmiendo con un jaspe al cuello.
D. Fernando Gonzalo, médico español en Brasil, y sacerdote
misionero, me apunta que el jaspe, al igual que algunas otras
piedras preciosas, tiene poderes exorcísticos, es decir, que
espanta los malos espíritus.
Santa Hildegarda da la razón teológica para ello en el prologo
del libro cuarto de la Physica y en algún otro pasaje más, pero
la verdad es que efectivamente funciona así. Ya les contamos el
caso del bebé de una vecina que estuvo llorando sin parar todas
las noches de sus primeros cuatro meses hasta que sus padres le
pusieron un buen pedazo de jade debajo del colchón de la cunita.
Santa Hildegarda dice que los malos espíritus inquietan el
sueño de los bebés para turbar la paz y hacer perder la
paciencia a los padres. Con el jaspe, los niños duermen como
ceporros.
En fin, que hay mucho que estudiar y experimentar, y por eso es
tan alentador que médicos españoles se ocupen de medicina
hildegardiana. Estamos de enhorabuena.
José María Sánchez de Toca
Rafael Renedo Hijarrubia
Más sobre el jaspe en "El Libro de las Piedras que Curan" de Santa Hildegarda de Binguen. Libros Libres,
2012; así com o en www.hildegardiana.es
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Santa Hildegarda y los tiros de bruja, y otras respuestas sobre la santa
ReL 17.10.2012
Jose María Sánchez de Toca
Rafael Renedo Hijarrubia
Gabriela, Quasimodo, FW y Marcial nos preguntan
sobre Santa Hildegarda. Les hemos contestado directamente pero
como las respuestas tal vez interesen a otros lectores,
recordemos brevemente que:
A Quasimodo le respondimos que Santa Hildegarda no hablaba de
cólicos nefríticos, pero ahora una relectura nos ha revelado
que sí que habla de cálculos, como expondremos
en un próximo artículo.
Otro corresponsal se interesa por la halitosis,
para lo que Santa Hildegarda recomienda masticar hinojo (da igual
semillas que tallos) en ayunas. Es preferible y más gustoso
tomarlo en verde, pero eso solo es posible unos meses al año;
las semillas de hinojo se venden en herbolario. Atención:
quitarle las espiguillas, que de lo contrario pueden clavarse.
Tampoco hay que pasarse, pues cuatro a seis granos bastan.
Marcial nos pregunta por la enfermedad de Crohn,
que Santa Hildegarda naturalmente no menciona por este nombre,
pero sí genéricamente al hablar de la espelta,
de la que hace afirmaciones estupendas (Ver el artículo sobre la
espelta en Opinión).
Manuela nos pregunta por el insomnio, que es una
enfermedad de nuestro tiempo y Santa Hildegarda no habla
directamente de ella, pero sí de dos o tres piedras eficaces
contra fantasmagorías, pesadillas y sueños agitados, entre
ellas el jaspe, que es la que ha erradicado las
pesadillas recurrentes a mi nieto. Se fueron a la playa, se
dejaron la piedra en casa, y el niño volvió a tener pesadillas,
que cuando regresaron y durmió con la piedra, desaparecieron. La
historia es larga y sabrosa, pero para otro momento.
En fin, Gabriela nos pregunta por las lesiones de espalda,
artrosis y hernias de disco, de lo que somos pacientes añejos.
Tal vez hayan sufrido Vds. (¡mejor no!) ese dolor terrible que
en alemán se llama Hexenschuss (tiro de bruja) y en
italiano colpo di strega (golpe de bruja).
En español no tiene nombres tan siniestros, pero se los merece
porque es una invasión de dolor lancinante como un trallazo que
le deja a uno sin atreverse ni a pestañear. Un amigo nuestro
estuvo tirado en el suelo dos horas respirando con cuidado y sin
osar moverse hasta que le rescató un acupuntor. En español esto
se llama lumbago, que es una palabra técnica,
suave y desvaída que apenas sugiere un dolorcillo molesto pero
que no da idea, ni de lejos, de lo malo que puede ser el
colpo di strega".
El mismo amiguete que tiene las vértebras como enchufadas una en
otra es una víctima del afán investigador de una escuela de
paracaidismo que se obstinaba en inventar paracaídas nuevos y
probarlos en carne humana. El invento tenía los cordones
demasiado largos que frotaban con la seda de la campana, y a
veces ardía.
A nuestro amigo se le quemaron dos sectores de la campana, que no
es mucho, pero como es grandón y sobrado de peso, bajaba como
las piedras. Dice que al principio no se asustó porque siempre
bajaba de carreras, y por aquello de la negra honrilla no se
decidía a abrir el paracaídas de emergencia. Al final tiró de
la anilla porque vió que se estampaba, pero tardó en abrirse y
además quería enredarse con el grande; al final se abrió, y el
golpe fue más monumental que lo ordinario. Donde antes tenía
dos vértebras lumbares separadas por su amortiguador gelatinoso,
solo quedó un amasijo de vértebras indiferenciadas que en
líneas generales y cuidándose -tiene prohibición facultativa
de hacerse la cama- no suelen molestarle. Pero si se descuida,
lleva maletas, o levanta un niño le viene un trallazo en la
cintura que le deja tan inmóvil como esos mimos que hacen de
estatua en la calle.
Al principio probó con antiinflamatorios y analgésicos, e
incluso estuvo amenazado de operación. Una doctora rusa que era
acupuntora le echó un remiendo para cinco años, pero luego
volvieron los trallazos.
Bueno, pues amiga Gabriela, amigos paracaidistas y pilotos que
nos leéis, amigos con la espalda hecha migas por esfuerzos
excesivos, amas de casa con la columna torcida de tanta bolsa de
la compra, descalcificadas por culpa de los niños: Nos complace
anunciaros que, entre las muchas piedras y demás remedios que
Santa Hildegarda recomienda para estos dolores, hemos probado uno
que funciona que es gloria bendita: El jaspe.
Santa Hildegarda dice que hay que ponérselo donde duela hasta
que la piedra se caliente. Y es verdad; en muy pocos
minutos deja de doler.
Los doctores alemanes Hertzka y Strehlow dicen que cuando el
jaspe se caliente hay que dejarlo enfriar (o meterlo en la nevera)
antes de volvérselo a poner, pero nunca ha sido necesario. Como
la espalda siempre avisa antes con dolorcillos, no hay que
esperar mucho a ponérselo, mejor si no abulta mucho y sujeto con
cualquier cinta adhesiva, esparadrapo o papel cello, para no
perderlo.
La verdad es que algunas veces funciona mejor que otras, tal vez
porque todas las piedras son distintas, o quizás por el
tamaño, que a lo mejor influye.
El jaspe, como las demás piedras que recomienda Santa Hildegarda,
es absolutamente inocuo. Estas piedras son remedios naturales
sencillos que no sabemos cómo funcionan ni por qué,
pero que funcionan.
Por nuestra parte, ya que es mejor prevenir que curar, al primer
aviso venimos usando también los propóleos de
las monjas del Monasterio de Tulebras (Navarra), que son un
estupendo antiinflamatorio natural, y que sirven además para
muchísimas otras cosas. A estas cosas lo único que se puede
objetar es que le dejan a uno tan bien que enseguida se olvida de
como tiene las vértebras.
(Para saber más, véase la Physica en www.hildegardiana.es . Ejemplares promanuscritos en papel en Librería
Bertrand, C/ Fuencarral 141, Madrid (Metro de Quevedo), Tfno 91
4455631. Estamos puliendo el texto para que se pueda descargar
entero, pero eso nos llevará un par de meses).
Además, este mes aparecerá en librerías El libro de
las piedras que curan de Santa Hildegarda de Binguen, con
todo sobre las piedras y su utilidad. (Madrid: Voz de Papel, 2012).
José María Sánchez de Toca
Rafael Renedo Hijarrubia
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El reúma y santa Hildegarda
ReL 9.10.2012
José María Sánchez de Toca
Rafael Renedo Hijarrubia
Los lectores nos preguntan qué es lo que dice
Santa Hildegarda sobre ésta o aquella enfermedad, cosa a la que,
gracias a Dios, podemos contestar. También podemos traducir del
alemán las experiencias de los doctores alemanes pioneros de la
medicina hildegardiana, e informar de nuestras modestas
probatinas. Al cabo de 32 años de machacar las obras de Santa
Hildegarda algo vamos sabiendo de lo que dice.
Pero si los lectores nos preguntaran qué tienen que hacer para
curar su enfermedad, no podríamos contestarles, porque eso entra
en el ámbito de la ciencia médica y escapa a nuestros muy
limitados saberes.
De modo que mientras nos pregunten lo que dice la Santa Doctora,
podremos ir contestando, pero si nos preguntan cómo curar una
enfermedad, no podremos contestar. Así pues, cuando un
comunicante nos escribe bajo el seudónimo "Avizor":
"Una preguntita, si no es molestia: Siendo el reúma
un mal tan común y mas en países húmedos, ¿Cuenta algo de
esto Santa Hildegarda? ", vamos a tratar de contestarle.
Reumáticos y gotosos como somos sabemos que el reúma es uno de
los temas más difíciles del mundo, porque bajo este término
popular que usamos todos sin más precisiones, se esconden más
de cuatrocientas enfermedades. Un reumático es alguien a quien
le duele un miembro y en consecuencia le cuesta o le resulta
imposible valerse normalmente de él; es como tener una fractura,
pero sin romperse nada.
Bueno, pues lo primero es decirle que Santa Hildegarda no
menciona la palabra "reúma" ni una sola vez. No habla
de reúma pero habla muchísimo de dos viejas palabras alemanas
que intercala en sus textos latinos: "Gicht" y "virgichtet".
"Gicht" (que mas o menos suena "guijt")
significa "gota" en sentido estricto, es la enfermedad
de Carlos V, el Gran Duque de Alba y Felipe II, la enfermedad de
los coléricos que los antiguos atribuian a excesos de carne,
bebida y coyunda; la enfermedad hereditaria con la que que uno
paga los pecados de sus antepasados (y los propios). En el
alemán actual, "Gicht" significa gota o podagra, pero
en la descripciones que hace Santa Hildegarda, hay motivos para
pensar que no solo se refiere a la gota, sino más bien a todo
ese conjunto vasto e impreciso de las enfermedades reumáticas
que causan dolor y limitan la movilidad. Lo que el pueblo llano
llama "reúma", y empeora con los cambios de tiempo, el
frío y la humedad y con determinados alimentos y bebidas. Para
Santa Hildegarda, el Gicht también puede afectar al cerebro o al
oído.
Por otra parte, "virgichtet" es la
forma antigua del participio "vergichtet" que en rigor
significa "gotoso", "aquejado de gota", o
"enreumado", pero que Santa Hildegarda usa en el
sentido de "baldado", "tullido" o
"impedido". Y así, por ejemplo dice de uno
que ha sufrido una hemiplejia, que está "virgichtet",
que no es que esté "gotoso", sino "impedido".
Santa Hildegarda se ocupa mucho de "gicht" y "virgichtet".
Atribuye el "Gicht" a una insurrección ("insurgunt")
de las secreciones endocrinas. Los doctores alemanes Hertzka
y Strehlow, pioneros de la Medicina de Santa
Hildegarda, afirman que tiene que curarse con el esfuerzo
integral del paciente: abstinencia moderada de alcohol y cerdo;
régimen alimenticio sano a base de espelta, verduras, y fruta;
sangrías a la manera hildegardiana, tal como se describen en
"Causas y Remedios"; escarificaciones cerca del
espinazo; y por fin, remedios.
La Santa no lo pone tan difícil como estos doctores alemanes, y
ofrece remedios para cuando duele, además de otros remedios
polivalentes para prevenir o alejar enfermedades, y
unas curas o limpiezas de primavera y de
otoño. Un vistazo rápido, pero no exhaustivo, de la
Physica muestra que contra el Gicht puede
usarse ajenjo, álamo, apio, avena, castañas, cebolla, cedro,
centaurea, clavo, cornejo, crisoprasa, endrinas,
eneldo, fresno, galanga, helecho, hinojo, jaspe,
jengibre, laurel, membrillo, menta rizada, oro,
perejil, piretro, tejón, tilo, tomillo, trigo, zafiro, y
zaragatona. La Physica dice cómo deben emplearse
cada una de estas cosas, y especifica además si cada remedio en
cuestión cura, sana o
mejora, si Dios quiere.
De todos ellos hemos probado personalmente las piedras jaspe
y crisoprasa mientras preparábamos la edición del
"Libro de las piedras que curan, que está a punto de
salir y que es la traducción comentada del Libro Cuarto de la
Physica de Santa Hildegarda.
Las dos piedras son baratas y accesibles: la crisoprasa tiene
aspecto de jabón húmedo y cuesta unos tres euros. El jaspe es
el nombre ilustre de cualquier guijarro de pedernal con manchas.
Pero ojo, el guijarro ha de ser de pedernal, no de caliza, lo que
puede verse tratando de rayarlo con la navaja: si se raya, no
sirve porque es caliza, y si no se raya es pedernal. Normalmente
las manchas son grises y rojas, blancas y rojas, o verdes y rojas.
En las tiendas de minerales, esotéricas, de abalorios, o en las
bisuterías suelen tener pedazos pulidos de jaspe, cuentas o
colgantes a uno o dos euros.
El jaspe se lo pone uno donde le duela hasta que la piedra se
caliente. Normalmente el dolor se pasa enseguida, es el
analgésico más rápido que conocemos y su efecto dura bastante.
En cuanto a la crisoprasa, Santa Hildegarda dice que tiene más
energía por la noche. Me puse una encima de los dedos de un pie
en pleno ataque de gota, y a la mañana siguiente tenía el pie
deshinchado, la piel blanca y el juanete, que la noche anterior
parecía un semáforo en rojo, había perdido totalmente su
alarmante color. Pero tengo que advertir lealmente que un amigo
se la puso en la rodilla y se la quitó enseguida porque no le
servía de nada. Y es que, por lo que sea, como reconoce el
propio Dr. Strehlow, la crisoprasa a unos cura y a otros no les
hace nada. (Hildegard Heilkunde
, p. 245) . En
todo caso, si nuestro comunicante prueba ya nos contará qué tal
le va.
Para saber más puede consultar la Physica en www.hildegardiana.es,
y conseguir ejemplares promanuscrito en papel en Librería
Bertrand, C/ Fuencarral 141, Madrid (Metro de Quevedo), Tfno 91
4455631.
Además, este mes aparecerá en librerías El libro de
las piedras que curan de Santa Hildegarda de Binguen. (Voz
de Papel).
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A mi nieto se le pasaron las pesadillas que venía sufriendo desde dos años atrás en cuanto sus padres le pusieron un jaspe debajo del colchón, aunque no era exactamente lo que recomienda Santa Hildegarda.