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La conquista y evangelización de las islas Canarias (1402-1496)

Fuente: Wikipedia, con retoques

En 1402, el rey Enrique III de Castilla concedió al noble normando Jean de Bethencourt el privilegio feudal sobre las Islas Canarias (redescubiertas en el siglo XIV y habitadas por los aborígenes canarios). Bethencourt conquistó las islas de LanzaroteFuerteventura y parte de El Hierro. Unos años más tarde, en torno a 1420, se hicieron con el señorío del archipiélago los linajes sevillanos de Las Casas y, luego, Peraza, que acabaron la conquista de El Hierro y se apoderaron de La Gomera, rivalizando con el reino de Portugal.

En 1479 Alfonso V de Portugal y los Reyes Católicos firmaban el Tratado de Alcaçobas que ponía fin a la guerra de sucesión castellana y que en una de sus cláusulas reconocía a Castilla la soberanía de las Canarias, a cambio de la renuncia castellana a las tierras situadas al sur del cabo Bojador, de la costa africana de enfrente, "usque ad indos". Para entonces Isabel y Fernando habían reclamado para la Corona las «islas mayores», todavía sin conquistar (Gran CanariaTenerife y La Palma]), aunque respetando la jurisdicción señorial sobre las otras cuatro islas ya ocupadas.

La conquista de las tres «islas mayores» no fue llevada a cabo directamente por la Corona pero intervino para fijar las condiciones o capitulaciones de la conquista y posterior colonización [en el sentido noble de la palabra, que implica poner en valor, civilizar, cristianizar ]. La primera capitulación, para la conquista de Gran Canaria, se acordó en 1477 con el obispo de Lanzarote Juan de Frías, y con el capitán Juan Rejón. En junio de 1478 Rejón establecía la primera ciudad castellana en la isla, el «Real de Las Palmas», aunque las disputas con el gobernador nombrado por los reyes, Pedro de Algaba, paralizarían la conquista por más de un año. En el verano de 1479 Rejón formaba una nueva hueste, integrada por unos 400 hombres y financiada por el obispo Frías y por un mercader genovés afincado en Cádiz, Pedro Hernández, a la que sumó al año siguiente un nuevo contingente, encabezado por el nuevo gobernador real Pedro de Vera y financiado por Hernández Cabrón y la misma Corona. Una de las primeras decisiones que tomó Vera fue deponer a Rejón, que unos meses antes había mandado ejecutar al primer gobernador Algaba. Entre 1481 y 1483, Vera logró vencer a los aborígenes canarios, divididos en la obediencia a dos reyes o guanartemes —el de Telde y el de Gáldar—, y en abril de ese último año, 1483,  había concluido la conquista de la isla de Gran Canaria.

 

La conquista de las dos «islas mayores» restantes (La Palma y Tenerife) no se emprendió hasta diez años después. Fue obra del capitán Alonso Fernández de Lugo, que ya había intervenido en la conquista de Gran Canaria, el cual acordó unas capitulaciones con la Corona y consiguió la financiación de varios mercaderes genoveses. Entre septiembre de 1492 y mayo de 1493 ocupó La Palma, contando con el apoyo de los bandos de los aborígenes de la isla ya cristianizados. Mucho más difícil resultó la conquista de Tenerife. En diciembre de 1493 reunió una hueste formada por 150 jinetes y 1500 infantes embarcados en 30 navíos; pero en mayo de 1494 sufrió una contundente derrota en la batalla de Acentejo [de donde viene el nombre de la localidad tinerfeña de La Matanza de Acentejo] por parte de los bandos de guerra guanches que dominaban el norte de la isla (Menceyato de TeguesteMenceyato de TacoronteMenceyato de TaoroMenceyato de Icod y Menceyato de Daute), lo que le obligó a reembarcar hacia Gran Canaria. Volvió un año y medio después mucho mejor preparado y consiguió derrotar a los guanches en la batalla de Agüere —junto a esa localidad se fundaría la ciudad de San Cristóbal de La Laguna— y unos días después en la Segunda batalla de Acentejo [de donde tomó nombre la vecina localidad tinerfeña de La Victoria de Acentejo  existente hoy, al igual que La Matanza].

 

El Barranco de Acentejo, también llamado Barranco de San Antonio, es un barranco (es decir un torrente o curso de agua no pemanente)situado en la vertiente norte de la isla de Tenerife −Canarias, España−, entre los municipios de La Matanza de Acentejo y La Victoria de Acentejo.

 

El municipio de la Matanza de Acentejo toma su nombre de su capital administrativa, que a su vez procede del recuerdo de la batalla habida en esta zona entre castellanos y guanches durante la conquista de la isla en el siglo xv, en la que los segundos derrotaron a los primeros.Hasta la reforma de la nomenclatura municipal de 1916 el municipio se llamaba simplemente La Matanza. En dicha fecha su nombre fue modificado por el de La Matanza de Acentejo. El apelativo «de Acentejo» se incorporó a la denominación municipal para diferenciarlo de otros pueblos homónimos, siendo un término de procedencia guanche que significa 'resonancia continua' según algunos investigadores.

 

El nombre municipal, La Victoria de Acentejo, proviene del recuerdo de la segunda batalla de Acentejo, lucha final entre los castellanos y los guanches en el siglo xv, en la que son vencidos los guanches. Durante los siglos xvi y xvii el lugar era conocido simplemente como Acentejo o Centejo, término con el que los guanches designaban la zona y que, como se ha dicho, significa según algunos investigadores 'resonancia continua'. El 27 de junio de 1916 se incorpora a la denominación de La Victoria el apelativo «de Acentejo» por Real Decreto, para diferenciarlo de otros pueblos homónimos.

La Victoria de Acentejo fue el lugar donde finalizó la conquista de las islas Canarias, produciéndose el 25 de diciembre de 1495 la última batalla entre guanches y castellanos que tuvo lugar en el archipiélago (la Segunda batalla de Acentejo). Por este motivo, en 2014 el municipio fue declarado Villa Histórica por el Gobierno de Canarias.

 

En mayo de 1496 los menceyes (reyes de los guanches) capitulaban (Paz de Los Realejos).

 

La población aborigen se redujo drásticamente —de una población total estimada de unas 30 000 personas se pasó a unas 7000 hacia el año 1500 —a causa no solo de la conquista y de los abusos cometidos durante la misma— sino principalmente de las enfermedades traídas por los europeos, para las que carecían de defensas, y de la caída de la natalidad como resultado de la ruptura de su marco de vida. Los aborígenes supervivientes se mezclaron en un plazo breve con las personas llegadas de la península —en su mayoría procedentes de Extremadura, Galicia y Andalucía—, adoptando su cultura (de la guanche, que ha sido calificada como «neolítica», solo quedaron algunas palabras, en su mayoría topónimos). Las Islas Canarias se integraron en la Corona de Castilla, pero manteniendo el carácter señorial de Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro —Gran Canaria, Tenerife y La Palma quedaron bajo la jurisdicción directa de los monarcas—.

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LA EVANGELIZACIÓN 1

Fuente: Wikipedia, con retoques (Voz o entrada, Religión en Canarias)

La primera noticia que habla de la introducción del cristianismo en las islas data de 1351, ese año el papa Clemente VI crea el Obispado de las Islas de la Fortuna u Obispado de Telde en la isla de Gran Canaria. El Obispado de Telde fue básicamente un proyecto de evangelización de Canarias de misioneros mallorquines y catalanes, que fracasó por las razias piráticas de los europeos que enfurecieron a los aborígenes. Esta situación desembocó en el martirio de trece misioneros eremitas catalanes que fueron arrojados por los aborígenes a la sima de Jinámar en 1393.

Posteriormente llegaron a la isla de Lanzarote los conquistadores normandos Jean IV de Béthencourt y Gadifer de la Salle. Tras la conquista de la isla en 1402 se estableció una pequeña iglesia o ermita en el Castillo del Rubicón, que luego adquiriría el título de catedral por concesión pontificia, dedicada a San Marcial de Limoges. El antipapa Benedicto XIII lo decide así en una bula expedida el 7 de julio de 1404 cuando crea la diócesis de San Marcial del Rubicón.

 

En 1424 el papa Martín V erigió en Betancuria el efímero Obispado de Fuerteventura, el cual englobó a todas las Islas Canarias excepto la isla de Lanzarote. Este obispado fue abolido en 1431 apenas siete años después de haber sido creado.

A mediados del siglo XV hay constancia de la presencia de misioneros cristianos en las islas occidentales de Canarias, pues hacia 1450 se funda en la zona del moderno municipio de Candelaria en Tenerife un eremitorio formado por tres frailes dirigidos por Fray Alfonso de Bolaños, considerado el «Apóstol de Tenerife». Estos religiosos vivían entre los guanches, hablando su lengua y bautizando a muchos de ellos. Esta misión duraría hasta fechas próximas al inicio de la conquista de esta isla.[12] Es en esta época cuando la mayoría de los investigadores sitúan el hallazgo de la imagen de la Virgen de Candelaria por parte de los guanches de Tenerife y la de la Virgen de las Nieves por parte de aborígenes de la isla de La Palma, ambas posiblemente llevadas a estas islas por misioneros mallorquines o catalanes. La Virgen de Candelaria gozaría de una considerable importancia religiosa y cultural en el archipiélago, al punto que ya en 1599 había sido declarada Patrona de Canarias por el papa Clemente VIII, título ratificado en 1867 por Pío IX.

En 1485, tras la conquista de Gran Canaria el papa Inocencio VIII autoriza definitivamente el traslado de la sede diocesana desde San Marcial del Rubicón al Real de Las Palmas. El nombre de la diócesis fue modificado pasando a llamarse diócesis Canariense-Rubicense, haciendo referencia a la isla en donde estaría su sede a partir de ese momento, es decir, Gran Canaria, pero conservando en su nombre su origen, el Rubicón.

A partir de aquí comenzaría la cristianización de las islas de La Palma y Tenerife. La cristianización de Canarias fue rápida y completa. El catolicismo insular ha dado dos santos a la Iglesia hasta la actualidad: José de Anchieta (1534-1597) y Pedro de San José Betancur (1626-1667). Ambos, nacidos en la isla de Tenerife, fueron misioneros respectivamente en Brasil y Guatemala.

 

En el siglo XIX se funda un nuevo obispado en Canarias, ldiócesis de San Cristóbal de La Laguna en 1819. Si bien, los orígenes de crear una diócesis con sede en Tenerife tiene su inicio desde poco después de la conquista de Canarias, pues fue el mismo Alonso Fernández de Lugo (conquistador de esta isla) quién en 1513 pidió a la Corte que erigiera una nueva diócesis en la isla de Tenerife. Sin embargo este proyecto siempre contaría con la oposición del obispo grancanario. A partir de este momento, Canarias quedó dividida en dos diócesis: La Canariense-Rubicense que engloba las islas orientales (Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote) y la de San Cristóbal de La Laguna o Nivariense que engloba las islas occidentales (Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro).

 

En Canarias tiene particular importancia algunas devociones religiosas de gran tradición en la historia y la cultura como la Virgen de Candelaria y el Cristo de La Laguna en Tenerife, la Virgen del Pino en Gran Canaria, la Virgen de las Nieves en La Palma, la Virgen de la Peña en Fuerteventura, la Virgen de Guadalupe en La Gomera, la Virgen de los Dolores en Lanzarote y la Virgen de los Reyes en El Hierro. Muchas de las festividades canarias tienen un trasfondo religioso católico, como las romerías y la tradición de las bajadas de algunas imágenes de las patronas insulares veneradas en el archipiélago.

 

Entre el 11 y el 12 de junio de 2026 el papa León XIV visitó las islas Canarias, dentro de su viaje apostólico a España. Este hecho supuso el primer viaje papal al archipiélago en la historia. Se trató de una visita centrada en la migración. El papa visitó la isla de Gran Canaria el 11 de junio, y Tenerife al día siguiente, en lo que supuso la despedida oficial del país. En Gran Canaria visitó el puerto de Arguineguín; la catedral; y realizó una misa multitudinaria en el estadio de Gran Canaria.[18] En Tenerife por su parte, visitó el centro de acogida de migrantes de Las Raíces; la plaza del Cristo de La Laguna; y realizó otra misa multitudinaria, en este caso en el puerto de Santa Cruz de Tenerife como colofón de su visita a España.

 

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AMPLIACIÓN 2

Fuente: Wikipedia, con retoques (Voz o entrada, Canarias, APARTADO, RELIGIÓN)

 

El noble (desceendiente de infantes) Luis de Cerda recibió una bula de la parte del papa Clemente VI, el 15 de noviembre de 1344 en Aviñón, en la cual se declaran las islas como Principado de la Fortuna. El objetivo de esta bula era el de promover que Luis de la Cerda conquistara las islas y financiara su evangelización, y con ese objetivo se nombró al religioso Francisco Bernardo como primer obispo de este principado (Obispado de las Islas de la Fortuna). Sin embargo, el infante nunca visitó las islas y la conquista no tuvo lugar.

Los primeros misioneros cristianos llegaron a las islas acompañando al Barón normando Juan de Bethencourt en su primera conquista, en el año 1402. Se trata de los sacerdotes Fr. Pedro Bontier o Boutier (franciscano perteneciente al séquito de Gadifer de la Salle) y Juan Le Verrier (clérigo secular del séquito de Bethencourt). Ambos componen un catecismo simple en 1404 destinado a instruir las enseñanzas de la Iglesia a los aborígenes canarios, según el historiador José Wangüermert y Poggio.

Se estableció así una pequeña iglesia en el Castillo del Rubicón, en Lanzarote, que luego adquiriría el título de catedral por concesión pontificia, dedicada a San Marcial (Diócesis de San Marcial del Rubicón). El antipapa Benedicto XIII lo decide así en una bula expedida el 7 de julio de 1404. A partir de entonces, los líderes aborígenes sometidos en las islas de Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro serán bautizados, así como sus seguidores.

En 1424 el Papa Martín V erigió en Betancuria el efímero Obispado de Fuerteventura, el cual englobó a todas las Islas Canarias excepto la isla de Lanzarote. Este obispado fue abolido apenas siete años después de haber sido creado en 1431.

A mediados del siglo XV hay constancia de la presencia de misioneros cristianos en las islas occidentales de Canarias, pues hacia 1450 se funda en la zona del moderno municipio de Candelaria en Tenerife un eremitorio formado por tres frailes dirigidos por Fray Alfonso de Bolaños, considerado el «Apóstol de Tenerife». Es en esta época cuando la mayoría de los investigadores sitúan el hallazgo de la imagen de la Virgen de Candelaria por parte de los guanches de Tenerife, posiblemente llevada a esta isla por misioneros mallorquines o catalanes. La Virgen de Candelaria gozaría de una considerable importancia religiosa en el archipiélago, al punto que ya en 1599 había sido declarada Patrona de Canarias por el papa Clemente VIII, título ratificado en 1867 por Pío IX.

El primer prelado nombrado en Canarias por Benedicto XIII fue Fr. Alfonso de Barrameda, un fraile franciscano, aunque este nunca llegó a pasar por las islas. Según el historiador José de Viera y Clavijo, Bethencourt nunca reconoció su poder. Le sucedió Fr. Mendo de Viedma, franciscano, como nuevo obispo rubicense (referido al obispado basado en el Castillo del Rubicón). En 1431 Mendo de Viedma murió en Roma, dejando vacante el obispado rubicense. El papa Eugenio IV nombró a Fernando de Calvetos, un monje jerónimo, como su sucesor.

 

En 1435 el papa Eugenio IV expide una bula concediendo a Fernando de Calvetos una autorización apostólica para trasladar la sede del Obispado rubicense a Gran Canaria. Sin embargo, debido al conflicto que se estaba llevando a cabo en esa isla con los aborígenes, este traslado no se llevó a cabo inmediatamente. Don Juan de Frías fue nombrado Obispo de Canarias en 1479, y con ayuda de los Reyes Católicos consiguió que el papa Sixto IV dictara un Breve confirmando la bula de 1435. Pero no fue hasta 1485 que finalizó la conquista de Gran Canaria, y que el papa Inocencio VIII dictara un nuevo Breve, en 1485, autorizando definitivamente el traslado desde San Marcial del Rubicón al Real de Las Palmas. En 1497 comienza la construcción de la que es considerada el monumento más importante de la arquitectura religiosa canaria, la catedral de Canarias en Las Palmas de Gran Canaria. El nombre de la diócesis fue modificado pasando a llamarse Diócesis Canariense-Rubicense, haciendo referencia a Gran Canaria, la isla en donde estaría su sede a partir de ese momento.

 

La diócesis de San Cristóbal de La Laguna no fue fundada hasta 1819. Si bien, los orígenes de crear una diócesis con sede en Tenerife tiene su inicio desde poco después de la conquista de Canarias, pues fue el mismo Alonso Fernández de Lugo (conquistador de Tenerife) quién en 1513 pidió a la Corte que erigiera una nueva diócesis en la isla de Tenerife. Sin embargo este proyecto siempre contaría con la oposición del obispo grancanario. En la creación de la diócesis nivariense [es decir, tinerfeña] tuvo un papel importante el presbítero lagunero [de La Laguna] Cristóbal Bencomo y Rodríguez, confesor del rey Fernando VII de España y arzobispo titular de Heraclea.

Cristóbal Bencomo y Rodríguez, confesor del rey Fernando VII de España y arzobispo titular de Heraclea, impulsó la creación de la Universidad de La Laguna y de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna.

 

La cristianización de Canarias fue rápida y completa. Desde comienzos del siglo XVI a la actualidad, el cristianismo católico es la religión mayoritaria y está asociado a algunos de los elementos más característicos de la cultura canaria. Sin embargo, no fue la única existente. La situación estratégica del archipiélago en las rutas comerciales atrajo a numerosos mercaderes y comerciantes marinos europeos entre los que había protestantes. Por ejemplo, el cementerio protestante del Puerto de la Cruz (Tenerife) entró en funcionamiento alrededor del año 1675. El islamismo y el judaísmo estuvieron  presentes; sobre todo practicadas por personas provenientes del norte de África.

 

En Canarias nacieron dos de los más grandes misioneros que han existido en el continente americano y que a su vez son venerados como santos de la Iglesia católicaPedro de San José Betancur y José de Anchieta, misioneros en Guatemala y Brasil respectivamente.

Según una encuesta realizada en 2015, Canarias es con el 84,9% de la población, la segunda comunidad autónoma de España con mayor porcentaje de personas que se declaran católicas, tras la Región de Murcia.[

El barómetro del CIS realizado en mayo de 2019 ofreció los siguientes porcentajes a la pregunta: "¿Cómo se define Ud. en cuanto a sentimiento religioso?":